Experimentación animal

¿Qué es la experimentación animal y quiénes la sufren?

La experimentación animal consiste en utilizar  animales con fines científicos, en supuesto beneficio del ser humano. Desde medicamentos de uso cotidiano para humanos y animales no humanos (uso veterinario), como fines cosméticos, productos de limpieza, pinturas, experimentos militares, estudio de enfermedades, seguridad toxicológica de sustancias o factores ambientales, práctica de cirugías, educación, experimentos psicológicos y un larguísimo etcétera.
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Animales como ratas o ratones son los más utilizados, aunque cada vez crece más el número de animales como peces, aves o invertebrados que parecen ser menos llamativos y generan menos revuelo social, aunque peces y aves está demostrado que presentan un complejo sistema nervioso comparable al de los mamíferos. Igualmente se siguen utilizando primates, perros, gatos, conejos, cerdos y otros vertebrados. Se calcula que son unos 100 millones de vertebrados en todo el planeta.

La experimentación animal se basa en una contradicción lógica. Si preguntamos a cualquier científico que se dedique a ello nos dirá que se experimenta en animales porque son iguales a nosotros, y por lo tanto, los resultados obtenidos de esta experimentación son extrapolables, pero si por el contrario, les preguntamos por qué consideran ético experimentar en animales siendo tan parecidos a nosotros, nos dirán que no son tan parecidos como para tenerles algún tipo de consideración moral que les impida utilizarles.

Esta contradicción se refuerza si hablamos de que el mayor avance de la medicina humana y en gran parte de la ciencia se produjo en la Alemania nazi, cuando la experimentación se realizaba en humanos no voluntarios, pero no por ello ahora nadie ve ético experimentar en humanos. (Pese a que no esté considerado ético ni se haga público algunas empresas siguen experimentando en seres humanos en países subdesarrollados o con voluntarios a cambio de dinero).

Pero, “La cuestión no es ¿pueden razonar? o ¿pueden hablar?, sino ¿pueden sufrir?”. Jeremy Bentham.

 Cuando un animal toma una decisión, como meterse en el agua cuando tiene calor, lo achacamos al INSTINTO y no a la consecuencia de una serie de razonamientos derivados de experiencias pasadas y gustos personales. Si esa misma decisión la toma un niño, lo achacamos a un complejo razonamiento y a una valoración en la que entraron otras opciones, como podría ser resguardarse a la sombra. Si nos ceñimos a la definición de instinto, ésta incluye la influencia de los genes de su especie como determinantes de la solución que un individuo da para resolver una necesidad, lo que nos llevaría a pensar que dos individuos de una misma familia y con unas experiencias similares vividas, deberían responder de la misma forma a una necesidad, y sin embargo, no sucede así.

En cuanto a la supuesta superioridad del ser humano por el hecho de poseer la capacidad de hablar, debemos decir que es un criterio elegido de forma totalmente arbitraria, ya que hay animales de otras especies que son capaces de reconocer el lugar donde nacieron hace 30 años con una exactitud que asombra, otros son capaces de volar o pueden detectar objetos u otros animales emitiendo ondas, y un largo etcétera que podría poner en duda la superioridad humana, si el criterio fuera cualquiera de estas cualidades. Además, hay humanos que carecen de la capacidad de hablar, -como los bebés-, de razonar, -como las personas con estados avanzados de Alzheimer-, o algunas incluso de sentir, -al haber sufrido un accidente o poseer algún tipo de alteración nerviosa-, sin considerar por ello ética la experimentación en estos indivíduos.

La experimentación animal actualmente se puede dividir en cuatro áreas, la experimentación para estudios biomédicos, la experimentación para cosméticos, la experimentación en educación y la experimentación en la industria.

El área más justificada es el de la biomedicina, ya que se cree que gracias a la experimentación en animales se logrará salvar a la humanidad, se logrará curar el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas, congénitas, cardiovasculares, etc. Por desgracia, EL MAYOR PORCENTAJE DE MUERTES EN EL MUNDO SE DEBE A FACTORES SOCIALES, veamos:

En los países ricos, las muertes se producen por enfermedades derivadas de un estilo de vida y una alimentación completamente insanos, que degeneran en cuerpos enfermos y en muertes prematuras, por el contrario, en los países pobres, la mayor causa de mortalidad prematura es la desnutrición y las enfermedades derivadas de ella. Por otro lado, no podemos negar que la investigación en animales ha dado resultados positivos a largo plazo en algunos casos, pero no deberíamos olvidar que los productos que más vidas han salvado han sido probados en seres humanos (con o sin consentimiento de los individuos), pero no por ello justificamos la experimentación en humanos al nivel que se experimenta en otros animales. Cada vez son más los científicos que afirman que la experimentación en animales da resultados confusos a la hora de extrapolarlos a humanos; un 43% de los experimentos en ratas y ratones obtienen un resultado inesperado en estos, es decir, sería como lanzar una moneda al aire para averiguar si el resultado es válido o no, al  50% de posibilidades para cada uno.

“La historia de la investigación del cáncer ha sido una historia de curar el cáncer en el ratón. Hemos curado ratones de cáncer por décadas, y simplemente no funcionó en humanos”. Dr. Richard Klausner (director del Instituto Nacional de la Salud y del Instituto Nacional del Cáncer de Washington), 06/ 05/1998.

En cuanto a la experimentación para cosmética, son cada vez más las voces que se alzan en su contra y que luchan para promover un uso ético de estos productos. Pero aún hay empresas que utilizan a los animales para respaldar sus investigaciones y sacar constantemente nuevos productos que la sociedad demanda.

En educación, la cantidad y variedad de experimentos realizados es espeluznante, pero afortunadamente también es muy amplia la variedad de alternativas que han surgido en las últimas décadas.

En la industria, son experimentados prácticamente la totalidad de productos que utilizamos, como los de limpieza, líquidos para coches, pinturas, pesticidas, etc., cuando la mayoría de estos podrían dividirse en subproductos más simples cuya toxicidad es ya conocida. En cuanto a la industria militar y espacial, existe un gran secretismo, pero son millones los animales que mueren cada año en pro del avance de estos sectores, de forma inhumana y completamente injusta.

Por suerte existen entidades que investigan a favor de los animales, porque el verdadero avance de la ciencia es aquel que huye del uso de animales.

A continuación ponemos el enlace a diferentes colectivos que ofrecen alternativas a la experimentación animal:

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